Sin duda alguna, el desarrollo de software es una profesión muy peligrosa. Muchas veces no nos detenemos a pensar en los riesgos que corremos al estar trabajando con código, pero estamos expuestos a muchos peligros. Desde errores en el código que pueden causar fallos catastróficos, hasta ataques cibernéticos que pueden comprometer la seguridad de los datos.
En la era moderna, poco nos ponemos a pensar en el gran impacto que tiene el desarrollo de software en nuestras vidas. Empresas confían su infraestructura completa en piezas de código creadas por personas expertas (y no tan expertas), y un simple error en el código puede tener consecuencias catastróficas.
El software está ya en todas partes, más aún a causa del Internet de las Cosas. Un hospital hace uso de máquinas que pueden administrar medicamentos de forma automática, programando las dosis incluso a miles de kilómetros de distancia, y tenemos la confianza de que todas las piezas de software que la conforman, hacen su trabajo de forma segura. Un avión es conducido la mayor parte del tiempo por software, sin la necesidad de que los pilotos toquen absolutamente nada, y con la vida de decenas de personas en cada vuelo. Una planta de fisión nuclear tiene piezas de software que permiten monitorear y controlar determinados mecanismos a la distancia, y que permiten que las personas alrededor de la planta estén seguras y sin riesgo de contaminación. Incluso nuestra economía es presa del desarrollo de software, pues miles de transacciones de la bolsa de valores suceden mediante operaciones en tiempo real desde la comodidad de los inversionistas.
El desarrollo de software es una profesión sumamente importante, de la que dependen miles y millones de personas en el mundo. Somos los desarrolladores, entes superiores, que hacemos que el mundo gire como lo hace hasta ahora. Somos nosotros quienes aseguramos la continuidad de muchos procesos. Y también somos nosotros quienes somos responsables de que no sucedan grandes errores, que podrían tener consecuencias fatales.
Un mundo sin desarrolladores está muerto. Y no busco presumir en este sentido. Sencillamente es la realidad. En un mundo tan interconectado como es el actual, no podemos permitirnos el lujo de no tener expertos en el desarrollo de software. Porque, si algo falla, podría significar el fin de todo.